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Terra
La Coctelera

Morir

Desde hace tiempo que muero.
Muero por lo que ya no tengo, que es mucho. Y muero sin darme cuenta.
Morí cada vez con cada uno de ellos. Ellos murieron y yo con ellos.
Hasta que por fin, morí yo también.
No sé si fue de una vez. Creo que no, creo que morí poco a poco.
El mundo llama, grita, envuelve en su maquinaria pérfida a quien se acerca. Todos nacemos dentro pero hay quien aprende a salir de él. Yo salí hace tiempo. Salí de morir en vida. Pero morí. No de muerte natural sino de pena. Morí cuando el alma se me partió. Morí cuando su soplo y el mío se mezclaron hasta hacerse uno. Y mi aliento y el suyo se unieron.
Morí cuando él lo hizo.
Pero el sol volvió a salir. Eso sí que duele. Duele cuando has de levantarte y no puedes morir tu también. Duele profundo, duele en el alma.
Hacía sol. Mucho sol. Demasiado sol. Todo tenía que ser oscuridad y tienieblas porque así era mi alma. Pero no. Hacía sol. Y yo no podía hacer nada para oscurecerlo, para apargarlo.
¡No ves que estoy muriéndome! ¡Ciérrate, apágate, oscurece de una vez! porque en mi alma no hay luz, ni calor, ni claridad. En mi alma solo hay oscuridad absurda. Solo hay sinsentido. Solo eso.
Pero un día, un buen o mal día, morí. Ya no había nada. Solo silencio. Nada se movía a mi alrededor. Los planetas no giraban, el sol ni salía ni se ponía. Todo era silencio, quietud, inmovilismo.
Salí a la calle. Yo, habiendo muerto por fin.
Y el mundo seguía su curso, el mundo hablaba, hablaba y hablaba de frivolidades y sinsentidos vacíos. No había plenitud en él, no había plenitud de vida sino de vacío.
En cambio yo habiendo muerto ya no estaba allí. Mi alma había quedado silenciosa. Vacía de todo.
Así que fui con ellos, les seguí. Y desde ese día sigo muriendo, no sólo una vez, sino una y otra y otra. Desde ese día muero cada minuto, cada hora, cada día. Ya no quiero vivir sino sólo seguir muriendo.
Morir en pequeñeces, morir en grandes azañas, morir hace cien años, morir mañana y el otro y el otro. Morir de sueños, de hambre, de amor. Morir de pena. Así morí yo.

Días sin miradas

De vez en cuando, los días se enlazan unos con otros y van siguiéndose como las arrugas de un acordeón.
En estos días, que pueden llegar a ser meses, la mirada se vuelve muchas veces triste. Y a esa mirada triste le acompaña la luz de otoño. Esa luz también triste, esa luz llena de añoranza y debilidad.
Es increible lo mucho que puede llegar a afectarnos la luz de sol. De hecho, nunca hemos dejado de estar separados del sol, de los árboles, del mar, de la naturaleza, del universo...
De hecho somos lo que somos, animales. Y además formamos parte del universo. Somos como planetas redondos, que chocamos los unos con los otros. Pero con "razón". ¿Pero cabe llamar "razón", "inteligencia", a esa diferencia que nos llevó a pensar que éramos el centro del universo?
Pobre Galileo, lo que tuvo que luchar para demostrar a un grupo de engreídos fanáticos la verdad que nadie quería creerse. Lo que tuvo que luchar para destronar al egocentrismo humano.
Pero bueno, no sólo era egocentrismo, también había la religión. Una religión, o más bien, unos hombres con sus intereses propios y a los que les convenía que el pueblo siguiera creyéndo en génesis y palabras de dios varias, para así tener el monopolio de sus almas y pobres o ricos bolsillos.
De este modo, para defender sus intereses, llevaron a Giordano Bruno a la hogera y a Galileo a la reclusión en el convento de su hija.
¡ Que lástima ! Y a todas estas miserias intentamos buscar una "razón"?
Animales, somos simplemente animales. Pero tampoco no simplemente, sino que tampoco somos otra cosa. Y como tales formamos parte del universo, lo queramos o no.

Walt Whitman (Salmo 24)

Walt Whitman, cosmos, de Manhattan hijo,
turbulento, carnal, sensual, glotón, bebedor y procreador,
nada sentimental, ni de quienes se colocan por encima de los
hombres y las mujeres, o se apartan de ellos.
No más modesto que inmodesto.

¡Arrancad los cerrojos de las puertas!Publish
¡Arrancad las propias puertas de sus quicios!

Quienquiera que degrada a alguien, a mí me degrada
y todo cuanto se haga o diga vuelve a mí finalmente.

A través de mí la inspiración divina que brota y brota; a través de mí la corriente
y el índice.

Pronuncio el santo y seña prístino; doy la señal a la democracia.
Por Dios que no aceptaré nada cuyo duplicado no acepten todos
en igualdad de condiciones.

A través de mí, muchas voces mudas durante mucho tiempo.
Voces de interminables generaciones de prisioneros y esclavos;
voces de enfermos y desesperados y de ladrones y enanos;
voces de ciclos de preparación y crecimiento
y de los lazos que unen a las estrellas y de las matrices y de la
simiente paterna
y de los derechos de aquellos a quines otros sojuzgan;
de los deformados, los triviales, chatos, tontos, despreciados.
Niebla en el aire, escarabajos que hacen rodar bolas de estiércol.

A través mío las voces prohibidas;
voces de los sexos y la lujuria; voces veladas a las que quito el velo;
voces indecentes por mí clarificadas y transfiguradas.

Yo no aprieto mis dedos contra mi boca.
Me mantengo tan delicado al hablar de los intentinos como al
hablar del corazón y la cabeza.
Fornicar no tiene más rango a mis ojos que morir.

Creo en la carne y en los deseos.
Ver, oír y palpar son milagros y cada porción y apéndice de mí
es un milagro.

Divino soy por dentro y por fuera y sacralizo todo cuanto toca y
me toca.
El aroma de estas axilas es mejor que la plegaria.
Esta cabeza, mejor que iglesias, biblias y todos los credos.

Si venero alguna cosa más que otra será la proyección de mi propio
cuerpo o de parte de él.
¡Transparente arcilla de que estoy hechos, serás tú!
¡Bordes vellosos y puntos de apoyo, seréis vosotros!
¡Firme y masculina reja de arado, serás tú!
¡Cualquier cosa que sirva para desarrollarme, serás tú!
¡Tú, sustanciosa sangre mía; tú, pálido humor lechoso de mi vida!
¡Pecho que oprime otros pechos, serás tú!

Cerebro mío: ¡serán tus secretas circunvalaciones!
¡Raíz lavada del junco dulce! ¡Medrosa becada! ¡Nido bien guardado con
huevos gemelos, serás tú!
¡Revuelto y mezclado heno de la cabeza, barca, cejas, seréis vosotros!
¡Goteadora savia del plátano, fibra del trigo viril, seréis vosotras!
¡Sol, tan generoso, erás tú!
¡Vapores que iluminan y ensombrecen mi rostro, seréis vosotros!
¡Vosotros, sudorosos arroyos y rocíos, os veneraré!
¡Vientos cuyos genitales me cosquillean al rozarme, seréis vosotros!
¡Amplios campos musculares, ramas de vivo roble, amante holgazán
de mis tortuosos senderos, seréis vosotros!
¡Manos que he cogido, rostro que he besado, mortal que yo haya
tocado alguna vez, seréis vosotros!

Esoy enamorado de mí mismo. Hay muchas cosas en mí y todas
son deliciosas.
Cada momento, suceda lo que suceda, me excita y alegra.
No puedo decirte cómo se doblan mis tobillos ni la causa de mi
más tenue deseo,
ni la razón de la amistad que irradio, ni la razón de la amistad que
recobro.

Cuando paseo me inclino; me detengo a cnsiderar si es realmente cierto
que la gloria mañanera en mi ventana me satisface más que la metafísica
de los libros.

¡Contemplad el amanecer!
La pequeña luz despeja las inmensas y diáfanas sombras.
El aire sabe bien en mi paladar.
Retoños del mundo cambiante, surgiendo silenciosos a los inocentes
brincos traviesos, exudando frescura,
correteando oblicuamente hacia arriba y hacia abajo.

Algo que soy incapaz de ver lanza hacia lo alto dardos libidinosos.
Mares de zumo brillante inundan el cielo.
La tierra por el cielo invadida, la cotidiana conjunción de ambos,
el reto celestial que desde el este cae sobre mi cabeza,
la burla mordaz: ¡A ver si llegas a ser mi amo!

Walt Whitman, Canto de mí mismo (24).

Mirada y palabras

Mirada, ¿por qué?
Porque cada mirada esconde un mundo. Cada mirada es única, individual, exclusiva. Cada mirada recoge al individuo, muestra, expresa, se introduce en el interior y proyecta al exterior el universo de cada sujeto.

Palabras, ¿por qué?
Porque el interior del individuo, la síntesis de la mirada queda recogida, introducida, vaciada a través de las palabras. Las palabras surgen del individuo, los sonidos, las grafías nos hablan, nos susurran universos únicos. El discurso, los discursos exponen a seres humanos, nos los muestran, nos mostramos a través de ellos. Los discursos llenos de palabras y silencios nos conforman y nosotros los conformamos a ellos. Pero siempre, siempre, nos muestran quienes somos.

Por todo ello "mirada y palabras" recoge un universo y una mirada, la mía. Y las palabras, los silencios y las líneas hablan constantemente de esa mirada mía, esa mirada, perdida, olvidada, recobrada, esa mirada única, como la de cada uno lo es.